"¿Quién soy yo?" es probablemente la pregunta más desconcertarte, profunda, difícil, emocionante e interesante que me puedo hacer a mí misma.
No sé si realmente existe una forma de decir quién soy y cómo me veo.
Podría decir lo típico, las cosas básicas que se preguntan cuando no conoces a alguien: me llamo Lídia Tomás, tengo 15 años, nací en Zaragoza y actualmente estoy estudiando cuarto de secundaria.
Pero claramente eso sólo es decir mi nombre, mi edad, de dónde vengo y qué estudio. No refleja nada sobre mí, sobre mi forma de ser.
Aunque una de las cosas que más disfruto hacer es escribir, tratar de describirme a mí misma es algo que me resulta muy complicado. No sé bien qué decir, cómo empezar y qué contar. Pero voy a intentarlo. No sé qué saldrá, pero si después de tantas idas y vueltas para encontrar las palabras justas logran tener una mínima idea de quién soy, me doy por satisfecha.
Entonces, ¿qué puedo decir de mí? De lo que veo cada día al mirarme en el espejo. Puedo contar que soy una persona curiosa, que necesita llenarse de cosas nuevas, aprender con cada paso, con cada persona que encuentro en el camino. Soy inquieta, me encantan las cosas extremas y, a veces, puedo ser algo inconsciente. No suelo pensar demasiado las cosas y prefiero correr riesgos antes de tener que preguntarme "¿Qué hubiera pasado si..?"
Soy torpe y distraída. Sueño con viajar mucho y, a menudo, mis amigas entre risa y risa me preguntan cómo lo haré para viajar en sitios desconocidos si soy capaz de perderme por cuatro calles. Pero yo disfruto perdiéndome y creo que por eso soy así, porque es la forma que encuentro para sorprenderme, para aprender y descubrir. Cada vez soy más ambiciosa, y sé que puedo lograr lo que quiero en corto, mediano o largo plazo.
No sirvo para hacer lo que es socialmente correcto, ni para vivir la vida que todos creen que hay que vivir, lo que está bien visto y se considera "normal". Si eso significa estar loca, soy una loca feliz.
Hay algo de lo que estoy muy convencida, nací para ser libre, para luchar por las cosas que quiero, ya tenga quince o cuarenta años. Siempre debemos hacer caso a nuestro corazón.
También soy romántica y cariñosa, aunque ser así me ha llevado muchos problemas. Me encariño fácilmente de las personas y casi siempre de esa clase de personas que llegan, dejan huella y se van sin avisar. Supongo que debo aprender que hay personas destinadas a estar en nuestro corazón, pero no en nuestras vidas. Pero qué se yo, sólo soy una adolescente que no tiene experiencia suficiente sobre la vida, que trata de ir superando los obstáculos que se le presenta en el ccamino.
Así pues, me reflejo en el espejo como todos, pero cada uno tiene una visión distinta de sí mismo y una manera diferente de disfrutar la vida.
Espero que mi mañana esté lleno de felicidad y sueños que hacer realidad y saber siempre que hay que saber ganar con humildad, perder con dignidad y disfrutar con moderación.