domingo, 10 de enero de 2016

Recordar es el acto más masoquista que conozco.

Nunca nos damos cuenta de las vueltas que da la vida. Cuando queremos mirar atrás para recordar, sólo vemos cómo hemos crecido y aprendido de nuestros errores, aunque los sigamos cometiendo, pues la razón a veces es débil. Y es que la vida es así. En tu vida pasan miles de personas.  Hay muchas con las que seguramente hayamos pasado muchos momentos o sólo los necesarios para ser inolvidables, que al final sólo se quedan en eso, en momentos del pasado. Algunos de ellos se olvidan con el tiempo y aparecen en tu memoria de vez en cuand como una estrella fugaz, porque hay algo, ni que sea en una milésima  de segundo, que te recordará a aquellos días que pasamos con ciertas personas donde amamos la vida.

Otras, permanecen a tu lado el tiempo necesario para hacerte abrir los ojos y enseñarte nuevas fronteras, nuevos caminos y nuevas salidas. Parecen ángeles, que con el tiempo no sabes dónde estás ni de dónde han venido. Muy pocas son las que se quedan grabadas a fuego en tu memoria, en tu piel y en tu corazón; esas que te marcan, que te dejan huella, que las tienes en tu mente gran parte del tiempo, y piensas, piensas en ellas siempre; sonríes, lloras, vuelves a estimular el dolor o la alegría que dejaron en ti cuando se fueron, pero te gusta recordarlas. Esas personas que llegaron a tu vida de una forma inesperada y te enseñaron a amar sufriendo, y que amores que matan nunca mueren; tu primer amor; tu primer beso; tu primera relación.

Hablo de esas personas que te tendieron una mano para agarrarte cuando te caías, para que tu caída fuera menos dolorosa aunque cayeras; siempre supieron aconsejarte, que estuvieron cuando te importaban y cuando te olvidaste de ellos. Al fin y al cabo, esas son las que siempre vamos a recordar y por las que vale la pena mirar hacia atrás. Porque, queramos o no, tenemos que aceptar que nunca una persona es eterna en tu vida, las personas son pasajeras y es difícil mantenerlas a tu lado por mucho que te esfuerces: el tiempo pasa, las personas cambian y los recuerdos son lo único eterno.

Antes de terminar este relato debo añadir que nadie entra en tu vida por casualidad y aquellas grandes personas que nos cambiaron nuestras vidas, deberían de estar eternamente en nuestro corazón, aún sin poder verlas ni tenerlas en nuestro día a día.

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